Creyendo que merecemos todo
Escrito por Froilán Pérez Rodríguez   
Miércoles 08 de Agosto de 2012 19:26

Muchas veces pensamos que merecemos todo en la vida y sin embargo, la verdad, es que no merecemos nada. Creemos que somos perfectos, los más grandes, lo mejor y miramos a los demás por encima del hombro y si somos sinceros con nosotros mismos entenderemos que somos unos hipócritas auténticos.

Somos muy desagradecidos y grandes oportunistas. Creyendo que debemos tener todo a costa de nuestros padres, amigos, hermanos, primos, familiares o cualquier vecino.

Gastamos el tiempo y nuestra juventud jugando los famosos juegos de video, viendo películas, siendo verdaderamente mantenidos y muchas veces maltratando física y mentalmente a nuestras familias.  Todo esto porque pensamos que estamos aquí para que nos sirvan y no para servir.

Muchas veces nuestros familiares hacen sacrificios , te aconsejan que estudies, que seas un ciudadano de bien, que no sufras ni pases lo mismo que ellos vivieron en algún momento de su vida y casi sin poder buscan la manera de poner en tus manos un auto, dinero, vivienda, ropa, etc.

Piensa en su sacrificio. Estamos acabando con sus vidas. Obsérvalos; están cansados, y todo porque te aman.  Y qué sucede cuando creemos merecer todo, le duplicamos el trabajo, todo para mantener nuestra condición de aparentar lo que no somos.

Lucimos una tarjeta de crédito, un auto, unas pantallas, un recorte a la moda, gastamos gasolina visitando un lado y otro acompañados de personas no deseables, y nos sentimos importantes con una cerveza en la mano.

Llegamos a nuestras casas embriagados, drogados, y con deseos de dormir sin que nos molesten porque pensamos  que nos merecemos todo.

Es tiempo de pensar en nuestros padres.  Tiempo de luchar para salir adelante. Luchar para salir adelante por nuestros méritos y nuestro propio sacrificio. Dejar la violencia a un lado y analizar nuestras vidas.

No nos quedemos estancados en la calle. Siéntete seguro de ti mismo y confía en Dios. El futuro es tuyo. No pierdas la fe ni la fuerza y vive honradamente.  Dios estará ahí contigo siempre y atesora lo que realmente te hace grande.