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Cuesta Arriba
Escrito por Lcdo. Orlando Maldonado   
Miércoles 31 de Enero de 2018 15:51

Sin lugar a dudas, así se presenta el futuro inmediato de Puerto Rico luego del paso destructivo del Huracán María. Para efectos de esta colaboración, voy a evitar mencionar la politiquería que influye tan negativamente en todas las decisiones importantes que aquí se toman. Es de la única manera que podríamos comprender mejor el largo y tortuoso camino que nos espera.

Comienzo con el anuncio que hiciera el gobernador sobre la venta de la Autoridad de Energía Eléctrica. Da la impresión que la mayoría de las personas están a favor de la transacción, pero si atendemos a las razones que exponen para justificar su posición encontramos que atacan y acusan a los empleados unionados como los únicos culpables de la quiebra de dicha agencia. Olvidan que ese monopolio fue muy mal administrado durante muchos años.

Seguramente, la venta se consumará. Pero creo que al menos deberíamos preguntar a quién o a quienes se venderá una agencia que tiene una deuda gigantesca que no puede pagar, entre otros problemas serios.  Si yo fuera el comprador pagaría muy poco por ella para tratar de manejar la deuda de una manera que no menoscabe mi interés de lucro. Sí, porque una vez la empresa privada se haga cargo de la AEE, la prioridad será, primero, recuperar la inversión y segundo, generar ganancias. Así que cuidado con abrigar falsas esperanzas de que no habrá apagones en el futuro y que la factura bajará por arte de magia.

Cuesta arriba también será la recuperación económica del país, pues ya son más de cuatro meses el tiempo que muchos negocios y residencias llevan sin energía eléctrica, lo que ha provocado el cierre masivo de tiendas pequeñas y familiares y una emigración hacia los Estados Unidos nunca antes vista. Por otro lado, la ayuda del gobierno federal, que por cierto, no es ningún regalo, sigue llegando con una lentitud espantosa.

Y si es cierto que para el 2022 solo quedarán aquí unos 2.7 millones de habitantes, es muy poco lo que podrá hacer el gobierno para fortalecer la economía. Una de las razones se cae de la mata:  con menos habitantes, menor será la fuerza trabajadora y menor los ingresos del gobierno por concepto de contribuciones.  Súmele a esto que habrán muchos menos negocios privados operando y que, por lo visto, las grandes empresas norteamericanas ya le han perdido el amor al que una vez fuera un envidiable paraíso fiscal.

La solución al problema del estatus político será un asunto que necesariamente continuará discutiéndose con intensidad durante los próximos años.  Reconozco que para algunos el tema debería dejarse a un lado hasta que el país se ponga nuevamente sobre sus pies. Pero esta posición tiene un problema muy grave: ese mensaje se ha venido repitiendo durante demasiado tiempo mientras Puerto Rico se hunde cada día más.  Si bien parece que el gobierno federal no tiene ninguna prisa en resolver nuestra condición política colonial, algunas de sus acciones pueden interpretarse como señales de que ya están tomando una posición más clara de hacia dónde debe dirigirse el territorio no incorporado.

Y no será fácil con un liderato como el nuestro que nunca se pone de acuerdo para lo que es importante. Como cuestión de hecho, en un momento histórico tan transcendental que vive Puerto Rico, los líderes que manejan los asuntos públicos están muy lejos de contar con las cualidades necesarias para lograr soluciones satisfactorias, ni en términos económicos, ni en términos políticos. Realmente, es una tragedia tan grande como la causada por María.

A mi entender, se acercan tiempos definitorios para el futuro de este país. Si usted es de los que prefirió o preferirá en los próximos meses ver el juego desde afuera volando para los estados, le deseo la mejor de las suertes. Pero si es de los que como yo decidió dar la batalla desde adentro, le sugiero que se prepare para enfrenar tiempos difíciles en los que tomaremos decisiones muy importantes como pueblo (si es que no nos madrugan y las toman desde Washington).

No le quepa la menor duda que el camino será bien cuesta arriba y que no habrá ninguna determinación fácil de tomar. Pero como se nos va la vida como la nación que somos, aunque haya uno que otro que no lo quiera aceptar, nadie de los que aquí se quede podrá escapar a una nueva realidad que posiblemente nos azote más fuerte que las 200 millas de los vientos de María.

 

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