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Grandes ante la crisis
Escrito por Pablo “Pablin” Centeno Rivera   
Lunes 11 de Diciembre de 2017 16:33

Si analizamos con detenimiento los acontecimientos ocurri-dos en los pasados meses dentro del gobierno de los Estados Unidos, y su efecto para con Puerto Rico, se haría más fácil entender la importancia que tiene, para los puertorriqueños, saber tomar las decisiones sobre nuestro destino político utilizando la inteligencia, la sabiduría y el sentido común.

El Presidente Trump desarrolla una ofensiva bajo el lema “Make America Great Again” que propone atraer las empresas que se fueron de Estados Unidos, para que regresen, generen empleo y paguen impuestos dentro de la nación. El enfoque de Trump no incluye beneficios para Puerto Rico sino lo contrario. Aprobada esta legislación en el Congreso  amenaza la huída de las empresas norteamericanas radicadas en Puerto Rico.

Estas empresas producen sobre 70 mil empleos en la Isla, y por nuestra condición política no pagan contribuciones sobre sus ingresos al fisco norteamericano. Con la nueva ley si pagarían impuestos lo que resultará negativo para Puerto Rico.

Antes de esta ley, propuesta por el Presidente Trump, Puerto Rico gozaba de exención contributiva o el pago de “taxes”, por estar nuestra isla catalogada como foránea o fuera de la jurisdicción de los cincuenta estados.

Puerto Rico se afecta porque esta ley obliga a empresas estadounidenses establecida fuera de los USA a pagar un 20% en impuestos cuando sus productos entren a Estados Unidos desde las jurisdicciones foráneas.

Las empresas estadounidenses representan, para ser exactos, setenta y cuatro mil empleos directos, unos 150,000 empleos indirectos y el 22% de todos los ingresos del gobierno de Puerto Rico. Otro problema, con relación a esta nueva ley, es que en el gobierno local hay visiones contradictorias, de cómo enmendar la reforma contributiva de Trump porque el gobernador Ricardo Rosselló y la comisionada residente Jenniffer González tienen opiniones distintas.  Lo que confunde aún más el asunto.

El problema con nuestra relación con Estados Unidos es la visión errónea de querer pertenecer a una nación poderosa y rica con el único interés o propósito de beneficiarnos de sus programas sociales y otros intereses económicos.

Sin pensar o entender que para que Puerto Rico pueda tener opciones de convertirse en un estado de los Estados Unidos debe estar capacitado para lograr un nivel (también económico) que pueda pagar el costo de la estadidad. En un principio, luego de ser atacados y tomados como botín de guerra en el 1898 nuestra isla fue convertida en una “base militar”, dentro de la guerra fría; con bases aéreas en Aguadilla, bases navales en Ceiba, puntos de práctica en Vieques, etc. Lo que facilitó la inversión de millones y millones de dólares logrando un avance industrial y económico superior al de toda latinoamérica.  Hoy ya no somos útiles en términos de defensa militar, tampoco tenemos petróleo u otras riquezas que puedan interesar al “Tío Sam” cuyo interés por la isla ha desvanecido con el tiempo.

Muchos de nosotros hemos rechazado el Estado Libre Asociado por tratarse de un estado colonial, sometido, sin poderes ni soberanía, sujeto al vaivén de lo que se decida en el Congreso y Casa Blanca.  Pocos quieren la independencia, separarse de los Estados Unidos, e insertarse dentro de los mercados económicos y políticos mundiales.

Otros sueñan con la estadidad como un estado idílico cuya aceptación, siendo un pueblo en crisis, parece desvanecerse como la neblina mañanera. Si pensamos inteligente y repasamos nuestra historia reciente nos daremos cuenta de la importancia de construir nuestro futuro por cuenta propia. Somos un pueblo con sufi-ciente desarrollo e infraestructura para levantarnos como lo hicieron nuestros padres, en tiempos pasados, con ayuda mutua, esfuerzo propio, con la fe puesta en Dios. Todo es cuestión de fe para abrir la brecha con machete en mano, uniendo voluntades, abriendo caminos.

 

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