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Vecindad
Escrito por Luis Alberto Fuente   
Martes 14 de Noviembre de 2017 23:47

Hubo un Puerto Rico donde nuestro Jíbaro acostumbraba reunirse en “juntas” con espíritu de solidaridad y cooperación en beneficio de las familias y comunidad en general.

Esta antigua costumbre consistía en que la gente se juntaba para realizar ciertas tareas como: techar una casa, recoger café, despalillar tabaco, desgranar gandules, habichuelas o maíz. Es como si nuestro jíbaro pensara… “entre muchos cogen a cualquier. Había un gran sentido de vida comunitaria, más aún en las desgracias.

Cuando surgían situaciones difíciles se hacían “rogativas”. Se compartía, donde se mataba un cerdo todos en la vecindad llevaban para consumo. Era la época en que se pensaba colectivamente, “donde come uno comen tres”; porque Dios no le falta a nadie.

Ese sentido de vecindad nos une como raza y como pueblo, con más fuerza ante la adversidad; pero ese Puerto Rico fue cambiando hacia una vida de mayor “confort” y tecnología, alterando nuestros valores fundamentales.

El paso del huracán María por nuestra Isla nos ha dado una gran lección. Hemos comenzado a valorar, con mayor conciencia, la importancia del agua, del aire que respiramos, de nuestra fauna y flora, del recogido de desperdicios sólidos, de la energía eléctrica y los alimentos. Creamos mayor sentido de dónde y cómo construimos, de cómo prepararnos para afrontar estas urgencias en familia.

María ha unido más la familia. Hay más diálogo entre vecinos. Más visitas y tertulias en el hogar. Nos olvidamos del celular e internet por un tiempo.

No obstante, hemos disfrutado más de una luna llena entre la obscuridad de paisaje sombrío; y de la brisa agradable ante el intenso calor post-huracán. La naturaleza es grandiosa, a pesar de la forma en que el ser humano atenta contra ella.

La vecindad ha vuelto a renacer. Son los vecinos los que han levantado las comunidades después del huracán. Han formado equipos de trabajo voluntario con gran espíritu solidario.

Esa gran vecindad demuestra que ese Puerto Rico no se ha perdido, que está vivo en nuestros corazones. Aunque nos lamentamos por aquellos que frente a la desgracia se han dedicado al robo, el crimen y el saqueo. Esos son los menos. Más triste es saber de algunos inescrupulosos que han aprovechado la desgracia para inflar los precios a los productos de consumo para obtener más ganancia. Tendrán que rendir cuentas a Dios.

Después de esta nefasta experiencia, es inminente reconocer que un buen vecino vale un tesoro. Aunando esfuerzos y voluntades nos levantaremos. Así brillaremos como un pueblo unido en un mismo pensamiento y un mismo sentir.

 

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