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Lenta la Recuperación en los Pueblos de la Montaña
Escrito por Arnaldo García - La Cordillera   
Viernes 10 de Noviembre de 2017 15:33

Puerto Rico se levanta lentamente después del devastador azote del Huracán María. Los pueblos de la montaña sufren aún más, por el retraso de las ayudas que llegan a cuenta gotas por la burocracia del gobierno estatal. Lo mismo sucede con el Gobierno Federal que ha mostrado una desorganización sin precedentes en la respuesta que se esperaba para mitigar los daños y el sufrimiento en las comunidades afectadas.

A poco más de un mes de la catástrofe que dejo 49 muertos, según las cifras del estado, siguen sin agua la mayoría de los sectores aislados y la energía eléctrica apenas alcanza a un 20 por ciento de la población. Ese número se concentra en la zona metropolitana y uno que otro pueblo de la isla, ya que en la mayoría es cero. En lo referente a las comunicaciones se dice que poco más del 50 por ciento de los abonados tienen acceso, lo que ha sido cuestionado en todos los sectores del país.

La manipulación de las estadísticas en el supuesto avance de los servicios primordiales le ha quitado credibilidad al Gobierno y ha llevado a que la gente no confíe en esa data. Definitivamente el Estado no estaba preparado para la emergencia como habían proyectado en los medios de comunicación. Escuchar en los informes diarios que todo está mejorando, cuando la realidad es completamente distinta, resulta decepcionante.

No podemos dudar de las buenas intenciones del Gobernador Ricardo Rosselló, pero indudablemente la información que le proveen sus subalternos no se ajusta a la realidad.

La isla quedó devastada pero los daños en la zona central fueron mayores, lo cual es evidente en comunidades remotas que quedaron totalmente incomunicadas. Algunas carreteras estatales y municipales todavía están obstruidas y la gente tiene que arreglárselas para conseguir los suministros necesarios. Decenas de puentes quedaron averiados y en otros lugares los derrumbes solo dejaron un pequeño trecho, provocando que los automovilistas tengan que tomar rutas alternas más largas para llegar a sus destinos. La situación es desesperante para cientos de personas en la montaña.

Sin lugar a dudas los alcaldes se crecieron en medio del desastre.  Durante el paso del Huracán de máxima categoría en toda la historia de Puerto Rico, las brigadas municipales salvaron muchas vidas.  La organización en las oficinas locales para el manejo de emergencias ha sido extraordinaria. Empleados comprometidos se tiraron a la calle para desalojar a los residentes que se encontraban en áreas vulnerables a inundaciones y otros que se preveía estaban en casas inseguras. Miles de personas fueron llevadas a refugios en escuelas y otros se movieron a residencias de familiares.

En medio de la tempestad trabajadores de cada municipio, junto a policías y personal de otras agencias de seguridad, también tuvieron que resguardarse en lo que el Ciclón más poderoso de todos los tiempos azotaba la isla.  Fueron largas horas de angustia para toda la población. El golpe fue tan fuerte que hasta las comunicaciones de radio y televisión colapsaron.  Solo una estación quedó al aire (WAPA 680am) y hasta las autoridades del tiempo perdieron su infraestructura.

Después de 16 horas de lluvias y vientos estremecedores, nunca olvidaremos aquel amanecer donde pudimos corroborar la devastación. Árboles, postes del tendido eléctrico y telefonía, antenas, casas y negocios habían sentido el aterrador azote. Las carreteras estaban totalmente obstruidas y era notable la catástrofe.

Todo había cambiado y la preocupación era mayor cuando no había manera de comunicarse para saber cómo se encontraban los seres queridos.  No se trataba solamente de perder lo que con sacrificio se había construido, sino el no poder llegar a ningún lugar y menos hacer una llamada telefónica.

Nadie había tenido una experiencia tan aterradora y solo era el comienzo de una pesadilla que muchos todavía viven por la falta de servicios básicos. Fueron momentos tristes que jamás se borrarán de las mentes y el sentimiento de todos los puertorriqueños, que en mayor o menor grado fueron afectados por el fenómeno atmosférico más potente de todos los tiempos. Fue entonces cuando comenzó la confusión y el desespero.

Pero de inmediato más de tres millones de puertorriqueños comenzaron a trabajar y no se quedaron cruzados de brazos. Sin tiempo para lamentarse, cada cual hizo lo que estuvo a su alcance para atenuar el sufrimiento. La gente no esperó por nadie y en medio de la tempestad se pusieron las botas para levantar a sus familias y las comunidades. Era admirable ver como hombres, mujeres y niños removían escombros que tapaban sus casas y las vías de acceso de sus vecindarios.

Aquellos que lo perdieron todo, fueron socorridos por familiares, vecinos y hasta desconocidos que les dieron la mano. Las brigadas de los municipios con maquinaria pesada, en algunos casos privada, abrieron brecha en las carreteras principales para luego pasar a las municipales y entradas de residencias. Miles de compatriotas no se amilanaron y comenzaron hacer camino al andar.

Muchos puentes y carreteras colapsaron a través de toda la isla, pero en la región central los daños eran mayores al quedar barrios y sectores totalmente aislados. Lo primordial era salvar vidas de personas que estaban en peligro por derrumbes e inundaciones.  Más de 10 mil residencias en los pueblos de nuestra zona, quedaron sin techos. De todas esas, la mitad fueron pérdida total. Muchas personas solo tenían como pertenencia, la ropa que llevaban puesta.

Luego surgieron otros inconvenientes y el combustible se agotó en todas las estaciones de gasolina. Sin embargo, en nuestros pueblos las cosas se pusieron más difíciles porque los accesos estaban obstruidos y no había manera que los camiones llegaran para satisfacer las necesidades.

Fue entonces que alcaldes como Jesús E. “Gardy” Colón de Orocovis, William Alicea Pérez de Aibonito y Josían Santiago de Comerío, por mencionar algunos que puedo dar testimonio de su labor, establecieron prioridades y concentraron sus esfuerzos en limpiar y ampliar las principales vías para que de esa manera llegaran los suministros necesarios y así aliviar la desesperación del pueblo. Todos los ejecutivos municipales trabajaron y dieron más de lo que estaba a su alcance.

Las filas en las gasolineras eran interminables.  Los dueños y el personal en los puestos, ofrecieron un excelente servicio a la comunidad. Dentro de la situación había que establecer prioridades como la de vehículos oficiales, maquinaria que estaba en la calle removiendo los escombros y personal médico que ofrecía servicios a la comunidad. Policía Estatales y Municipales hicieron una buena labor en el control de las filas, para prevenir situaciones lamentables. Los rescatistas de OMME, Emergencias Médicas y voluntarios trabajaron sin cesar y todavía lo siguen haciendo.

Mientras todo esto ocurría en el Gobierno Central y Federal seguían analizando lo que iban a hacer. Su ejecución fue pésima y todavía no han logrado llegar al grado de eficiencia que se esperaba.  Los ejecutivos municipales han trabajado la mayor parte del tiempo solos y eso es incuestionable.

En lo referente a la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) podemos afirmar que estuvieron desde el día uno, haciendo lo que había que hacer para llevar agua potable a un gran sector de la población.  En otros casos establecieron junto a los Municipios Oasis en las áreas donde no existe por el momento la forma de suministrar el preciado líquido.

A nivel central las cosas no fueron como se esperaban.  La gerencia de la AAA había indicado que tenía cientos de generadores eléctricos para poner a funcionar las plantas de bombeo, pero en raros casos llegaron.  En otras instancias no suministraron ni el combustible para ponerlas a trabajar. Los empleados de la Corporación Pública hicieron lo que estaba a su alcance y los municipios apoyaron su gestión en medio de la tragedia.

El personal del Departamento de Transportación y Obras Públicas llegó a algunos pueblos, pero en otros brillaron por su ausencia.  El Departamento de la Familia respondió a través de sus empleados locales, pero a nivel estatal fue diferente. Así también ocurrió con el Departamento de Salud que dejaron solos a proveedores de servicios en Hospitales y Centros de Diagnóstico y Tratamiento (CDT), que solo contaron con la ayuda de los municipios para enfrentar la crisis. Algunos pacientes de Diálisis y con ventiladores de oxígeno pasaron momentos difíciles en medio de la emergencia.

En el Centro de Convenciones el aire acondicionado frisó a los ejecutivos del Estado.  No había manera de comunicarse con ellos, a menos que no fueran los alcaldes con sus ayudantes a buscar la ayuda para sus pueblos.  Ese fue el manifiesto general de los ejecutivos azules y rojos, en toda la isla. Seguían pasando los días y los Municipios mantienen a su personal en la repartición de alimentos, agua, suministros y la remoción de escombros.

Las empresas de telefonía no estaban preparadas y al día de hoy la mayor parte de la población no tiene servicio. La Junta Reglamentadora de Telecomunicaciones, fue deficiente e incompetente en velar por los mejores intereses del consumidor. El Departamento de Asuntos del Consumidor (DACO) fue insignificante en su gestión. En algunas instancias promulgaban órdenes, pero no tuvieron el control de sus funciones.

En la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) ocurrió lo que todos esperaban.  El sistema colapsó en su totalidad. Sin lugar a dudas el personal ha laborado en las peores condiciones durante todo el proceso de recuperación. Los trabajadores han hecho de tripas corazones para llevar luz a una ínfima parte de la población. La falta de personal y equipo mantiene en suspenso la recuperación del país. Todo esto ya había sido anticipado por la UTIER y el tiempo le ha dado la razón.

Es lamentable expresar que en algunos municipios no existe ni tan siquiera la esperanza que puedan ser energizados para finales de año. Esto ha llevado al cierre de comercios y empresas que no pueden operar por los altos costos de combustible. Aunque el Gobernador prometió que antes que concluya en año la mayor parte de Puerto Rico tendrá servicio, los propios trabajadores que están en la calle, lo ponen en duda.  El éxodo de puertorriqueños ha aumentado.  Los aviones salen llenos y llegan vacíos, porque la situación se ha tornado insoportable.

Lo peor del asunto es que la Agencia Federal para el Manejo de Desastres (FEMA) ha arrastrado los pies y la ayuda no ha llegado como se esperaba a las familias afectadas. La desorganización ha sido evidente durante todo el proceso. La falta de coordinación de las oficinas federales ha retrasado beneficios para los damnificados. Ejemplo de esto son los famosos toldos que un mes después del azote de María no se han repartido entre las familias afectadas. La Guardia Nacional se mantuvo en el área metropolitana o en lugares cercanos a sus bases, pero brilló por su ausencia en la mayoría de los municipios del interior del país donde la policía pocas veces ha contado con su apoyo. La burocracia federal es mayor que a nivel estatal y eso es mucho que decir.

La emisora Cumbre 1470am fue la única estación en la zona central que se mantuvo informado a la ciudadanía. Es admirable el compromiso de su propietario el Dr. Luis Francisco Rodríguez Gotay y todo su personal que pusieron el medio radial a la disposición de los alcaldes, las agencias, el comercio y el pueblo en general. Luego se les unió la emisora Radio Hoy del amigo Martín Colón, la cual le ha servido con dedicación a toda la población del área sur-este del país. La encomiable labor y entrega de estos radiodifusores quedó demostrada al mantenerse en el aire, asumiendo los costos operacionales, solo con la única encomienda se servir a la comunidad.  Otras emisoras del país sufrieron daños mayores y por el momento no están funcionando.

La Cruz Roja Americana y varias entidades cívicas se han encargado de llevar ayuda a comunidades aisladas. De igual forma proveedores de la salud como el Sistema de Salud Menonita y Salud Integral en la Montaña, han hecho lo propio para prevenir enfermedades provocadas por la falta de agua potable en barrios y sectores lejanos en los pueblos de la región. Las clínicas que han ofrecido han resultado exitosas.

Ya los municipios han comenzado a remover los escombros en vías secundarias para llevarlos hasta los centros de acopio, cumpliendo con los estándares de FEMA y así conseguir los reembolsos correspondientes.  El recogido de los desperdicios domésticos ya se ha estabilizado en la mayoría de los municipios de nuestra zona. Los alcaldes han trabajado bien y es notable que saben lo que tienen que hacer.  La percepción general de los ciudadanos es que han dirigido eficientemente los trabajos de recuperación, aun sin contar con la ayuda adecuada de las autoridades federales y estatales.

Los presidentes de Cámara y Senado, Carlos Johnny Méndez y Tomas Rivera Schatz, junto a varios legisladores de esos cuerpos han visitado algunos municipios de nuestra región para coordinar la ayuda que ha estado a su alcance. La mayoría de los jefes de agencias estatales se han mantenido cómodos en el Centro de Convenciones de San Juan y muy pocos directores regionales han dado cara durante el proceso de restauración del país.

Las Cooperativas de Ahorro y Crédito han sido la alternativa más accesible para los socios y clientes que han podido realizar transacciones regulares.  El servicio de estas instituciones en la región central es digna de admiración.  En los momentos más críticos, donde colapsaron los servicios de tarjetas, inclusive de los beneficiarios del Programa de Asistencia Nutricional (PAN), los ejecutivos y empleados de las cooperativas se ingeniaron la manera de brindar alternativas para aliviar la crisis económica que enfrentaron miles de familias.  Solidarios con sus socios también les brindaron extensiones de pagos y préstamos de emergencia.

Otro dato que no puede escaparse es que aparte de las estaciones de gasolina, hay que destacar el trabajo de los dueños y empleados de Panaderías, Supermercados, Farmacias y Restaurantes que aun con los elevados costos de sus operaciones, por el combustible para sus plantas eléctricas y la seguridad que han tenido que contratar, siempre ofrecieron en su mayoría un servicio de excelencia, demostrando que podemos contar con ellos en todo momento.

De igual forma hubo médicos que pasaron momentos difíciles, pero no titubearon para abrir sus oficinas y llegar hasta hospitales para atender a los pacientes, ratificando su compromiso con su profesión y el pueblo. Otros profesionales de diferentes facetas hicieron los mismo y para ellos nuestro aplauso.

Algo positivo dentro de la tragedia es que hoy todos nos queremos más.  El vecino se ha convertido en parte de tu familia. La mano amiga se consigue en todo lugar. Después del Huracán María es otro Puerto Rico, donde estamos unidos para dar la batalla y hacer lo que a cada cual le corresponda para seguir adelante. Somos un Pueblo con un Corazón Guerrero y así lo hemos demostrado. En La Cordillera ya nos levantamos y seguiremos informando.

 

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