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María Una Pesadilla
Escrito por Pablo “Pablin” Centeno Rivera   
Viernes 10 de Noviembre de 2017 14:54

Según la naturaleza va reverdeciendo y los árboles (de pie) comienzan a retoñar su follaje, el pueblo se levanta, poco a poco, del golpetazo del huracán María.  ¡No ha sido fácil!  Todavía miles de familias viven arreglándoselas, como pueden, luego de perder total o parcialmente sus viviendas.

Sobre el 90% del país no tiene luz eléctrica, más del 50% carece de agua potable, el tramite de toda compra o venta tiene que ser en “cash”, porque los sistemas computadorizados, ATH, en bancos y comercios no están funcionando. En fin, a casi un mes de pasado el huracán el regreso a la normalidad está por verse, pero aun así el pueblo se mueve con esperanza. Hemos apretado zayas y cinturones para no dejarnos vencer por la incertidumbre, y la necedad de algunos, y como el moriviví luchamos por sobrevivir a la catástrofe.

Todos los días me levanto y preparo una agenda, un pequeño plan, para establecer las prioridades del día.  Busco agua en la “chorra” de Minerva en el barrio Naranjo, que la gente ha preparado con tubos plásticos, para los baños, cocinar y pasar el mapo.  Subo al Cedrito, La Prieta, para conseguir agua potable, certificada por los americanos de “FEMA”, en el acueducto comunal de la familia Ayala.

Hago fila para comprar gasolina, limpio escombros, hago mandado de la Doña, recorro los supermercados, los bancos y la cooperativa en busca de dinero en efectivo. Que dicho sea de paso, se va como agua.  Las filas son el orden del día y aunque las mismas han mermado bastante hay que estar pendientes para saber dónde ha llegado hielo, hay gasolina, o un banco abierto.  Esta experiencia me ha servido de mucho, en particular la fragilidad del sistema de vida computadorizado, ante los fenómenos naturales, y la grandeza de Dios.

Hay muchas noticias por comentar en torno a la participación del gobierno estatal, los alcaldes y el gobierno norteamericano.  La visita del Presidente Donald Trumph estuvo matizada con el agridulce sabor de los fondos federales y el tono burlón y discriminatorio del mandatario de los Estados Unidos.  Se dice que muchos periodistas y políticos hicieron “buche” y hasta rieron las gracias irrespetuosas de Trump.

Se comenta el tapón de “containers” en los Puertos, cargados de ayuda, el problema con el Diesel, la escasez de “toldos” y de traqueteos en la Autoridad de Energía Eléctrica. En muchos municipios se habla de descuidos, malos manejos con la ayuda que llega, y de los que se aprovechan del momento para sacar partido político y hasta económico.  Al extremo que algunos peloteros, artistas y personas que organizan ayuda para Puerto Rico prefieren formar su propio equipo de distribución.

María nos partió por el medio.  Se dice que es la tormenta más potente, en categoría, de nuestra historia de pueblo. La gran mayoría de nosotros no esperaba algo tan grande y en cierta forma nos pasó como el cuento del lobo. Creo que pensamos que el huracán Irma era el último de la temporada, y no habiendo hecho mucho daño, el pueblo se descuidó un poco a pesar de que el gobierno y el negociado del tiempo lo advirtieron con tiempo suficiente.

El azote del huracán María se lo llevó todo, y lo que no se llevó lo dejó inservible. Esto ha sido una catástrofe. No culpo a los que han decidido irse de Puerto Rico en espera de que todo se recupere y vuelva a la normalidad. Todavía yo creo que esto ha sido una horrible pesadilla. Dios nos ha librado de muchas y si ha permitido que ésta haga el daño que hizo tiene que haber un propósito. Nuestro gobierno había caído quiebra y con la economía en el piso estábamos dentro de un limbo.  Ahora, sabemos que debemos ser fuertes para levantarnos como pueblo valiente y decidido.

 

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