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Desmantelamiento
Escrito por Lcdo. Orlando Maldonado   
Miércoles 30 de Agosto de 2017 20:10

Según el diccionario de la Real Academia Española, el término se refiere a la acción o efecto de desmantelar. No sé ustedes, pero para mí, es lo que en estos momentos históricos está ocurriendo en Puerto Rico. Y no es sólo por la falta de poderes económicos y políticos que todo país necesita para echar hacia adelante.

El deterioro de carreteras, el cierre de escuelas que provoca un hacinamiento asfixiante y que, a su vez, redunda en violencia, la falta de mantenimiento en facilidades de salud tan importante como el Centro Médico, la bendición del gobierno a la contaminación ambiental en el caso del depósito de cenizas en el hermano pueblo de Peñuelas, que hace muchos años sufrió una tragedia similar con las petroquímicas, la corrupción pública que no parece detenerse y un discurso político partidista que luce totalmente ajeno a la realidad que vivimos es prueba más que fehaciente de que vivimos en un país que se hunde aceleradamente en la incertidumbre, cuyo futuro solo se pinta en sombras muy oscuras.

Si nos dejamos llevar por las estrategias que han utilizado los tres partidos principales durante demasiados años con relación a la solución del estatus, podríamos concluir que el problema jamás se resolverá de una manera permanente. El liderato del PIP siempre ha apostado a un rechazo de parte del congreso federal a cualquier solicitud de estadidad que provocaría, como aseguran algunos, la llegada de la independencia por la cocina.

Por su parte, los anexionistas insisten en colocar al país en una condición de inferioridad y dependencia económica extrema, de manera que allá nos cojan pena y nos acepten, al menos en el corto plazo, como territorio incorporado. Si cree que no es así, por favor, piense en lo siguiente: ¿por qué cuando Pedro Rosselló fue gobernador no defendió la permanencia de la Sección 936 a sabiendas que su eliminación sería nefasta para la economía del país?

Para los defensores del E.L.A sabemos que su único norte es ganar las elecciones y administrar la colonia.  Como dice un buen amigo que colabora con este periódico, "se ganan las elecciones y los demás vendrá por añadidura". La estrategia de los estadolibristas ha sido y continua siendo, precisamente, no tocar el asunto, ni con una vara larga.  De eso no debería tener duda nadie en la Isla del Encanto. Si bien la solución definitiva del estatus político no traerá una cura mágica para todos nuestros problemas, sí eliminaría algunos de los escollos que nos impiden avanzar.

Hablando de desmantelamiento, el independentismo puertorriqueño, con todo el respeto que me merece, se encuentra en lo que yo llamaría una encrucijada lastimosa. Si bien ha sido el movimiento ideológico más discriminado y perseguido en la historia política de este país, hoy en día se encuentra más dividido que nunca, sin que se asomen señales de que esta realidad pueda ser diferente en un futuro cercano. Entiendo que cada cual haga su lucha según lo dicte su conciencia y atendiendo a sus capacidades, pero hace falta, con carácter de urgencia, una cumbre independentista en la que el protagonismo individual se deje a un lado.  La realidad histórica así lo demanda.

En cuanto al partido popular no es mucho lo que se puede decir.  Da la impresión que luego de las pasadas elecciones quedó desmantelado, por lo menos en cuanto al liderato se refiere. Desde la oposición no hacen otra cosa que boicotear tímidamente los esfuerzos de la nueva administración, mientras se acomodan para una nueva competencia.  Siempre ha sido así, el que pierde la competencia electoral sueña con regresar al trono.  Ahora bien, imagine usted al PPD ganando las elecciones del 2020, habiendo ofrecido "bregar" con el asunto del estatus durante la campaña eleccionaria. Conociéndolos, no moverán un dedo en esa dirección y se dedicarán, como por costumbre lo han hecho, a repartir un presupuesto quebrado, beneficiando de paso a algunos "amigos".

La estrategia del liderato estadista es preocupante por demás.  La insistencia en desacreditar o minimizar cualquier esfuerzo que pueda poner a Puerto Rico en el mapa mundial debilita la gestión dirigida a alcanzar la anexión definitiva, sobre todo, por qué no son capaces de aceptar que la estadidad es solo una, que no existe la estadidad jíbara. Atentar contra todo lo que represente la puertorriqueñidad en ánimos de acercarnos a un país extraño y muy diferente al nuestro no le hace bien al movimiento estadista.

Para colmo, al gobierno de turno le ha tocado enfrentar a una Junta de Control Fiscal que parece no temblarle el pulso a la hora de exigir la implementación de medidas antipáticas con el único propósito de cobrar una deuda pública que los expertos aseguran que es impagable.  Y todo ello a pesar que algunos de los miembros de dicha junta son reconocidos anexionistas e importantes donantes a las arcas del PNP.

Desmantelar el Departamento de Educación y el Banco Gubernamental de Fomento; desfalcar el Fondo de Retiro de los Empleados Públicos; despedir y recortar la jornada laboral de miles de trabajadores de las agencias del gobierno, atentar contra el movimiento cooperativo y la educación universitaria, eliminar derechos adquiridos por los trabajadores y promover el éxodo de puertorriqueños hacia el exterior, mientras permiten una inversión extranjera que convertirá a muchos de nosotros en los nuevos esclavos de la sociedad puertorriqueña, solo tendrá como consecuencia desmantelar y darle una estocada mortal a un país que hace largo rato languidece.  Por lo visto, parece que de eso es que se trata.

 

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