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Un Cambio Desapercibido
Escrito por Pablo “Pablin” Centeno Rivera   
Miércoles 30 de Agosto de 2017 20:09

Los cambios que ocurrieron a partir del año 1940 con la llegada al poder del Partido Popular lograron transformar el País milagrosamente de una sociedad sumida en la extrema pobreza, formada en su mayoría por campesinos residentes en las zonas rurales, en un pueblo en pleno crecimiento social, económico y político.

Los cambios efectuados, por legislación, limitaron el poder de las clases ricas que controlaban las tierras, la producción y el gobierno. Se establecieron industrias nativas, bajo el financiamiento del gobierno local, como motor económico. El plan social consistió en sacar a la gente de los arrabales para llevarlos a los residenciales, en la ciudad, y en el campo las tierras adquiridas sirvieron para distribuir parcelas para familias que vivían agregadas.  La transformación de Puerto Rico se logró siguiendo principios “sociales” y “democráticos” pero, con el pasar del tiempo otros gobiernos fueron víctimas del llamado “neoliberalismo” cuya práctica consiste en incentivar al empresario privado.

Dicho cambio ha pasado por desapercibido, no se nota o percibe, en la población aunque es visible en la falta de inversionistas locales, desarrollo económico y progreso en las familias nativas, sino que el capital que se invierte, por las grandes empresas multinacionales, revierte al lugar de origen de los inversionistas.

Las empresas multinacionales y otras inversiones extranjeras, que dominan los mercados en Puerto Rico y otros países del mundo, impiden el desarrollo de la empresa local y perjudican el empleo seguro, el crecimiento económico del país, y provocan que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres sigan siendo pobres.

Para apaciguar el efecto del neoliberalismo el gobierno, subsidiado por los Estados Unidos, ha ido aumentando la ayuda social, el mantengo, como medida estratégica para callar las voces de los pueblos. Al extremo que nuestro pueblo vive prácticamente de las ayudas del estado.

El cambio en el que pocos nos hemos dado cuenta se puede percibir en el sistema de gobierno que implantó Muñoz Marín, en el 1940, quitándole a los ricos para darle a los pobres e incentivando la inversión del capital local y las empresas gubernamentales que abrieron paso a la energía eléctrica, escuelas, agua potable, servicios de salud, etc., en lugares remotos lejos del ambiente metropolitano. Después del plan de Muñoz, y su monumental obra de justicia social, fueron cambiando las cosas suavemente y despacito como dice la canción.

Siguen llegando las megatiendas, incentivadas, de farmacias, ropa, comida y enseres, servicios de comunicaciones, hoteles, etc., que obligan a cerrar las tiendas locales. El capital y las ganancias se van al extranjero y solo aportan empleos de segunda clase.

El mundo está gobernado  por empresas o consorcios de personas multimillonarias que facilitan dinero a los países desarrollados, y subdesarrollados, para financiar los programas y proyectos de dichas naciones. En cierta forma las naciones son dominadas por empresas que controlan el poder de las economías mundiales y los gobiernos establecidos en cada país. Estas empresas controlan los precios del mercado mundial y manipulan a su antojo todo el andamiaje de los gobiernos electos.

Para funcionar teniendo este “monstruo” detrás de nuestras nucas hay que desprenderse del neoliberalismo. Puerto Rico necesita reinventar y hacer versátil la empresa nativa, dejar de imitar los estilos de vida de país capitalista, controlar la corrupción y el desenfreno ideológico entre otras plagas. Muñoz Marín no fue un dios, sí pudo desprenderse de su ambición personal para aliviar el dolor de su pueblo y su gente.

 

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