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Venezuela y Puerto Rico
Escrito por Lcdo. Orlando Maldonado   
Miércoles 23 de Agosto de 2017 17:46

No pretendo hacer una analogía profunda sobre lo que está ocurriendo en ambos países. En primer lugar, porque el hermano país es uno independiente y el nuestro, por más vueltas que le demos a la noria, continua siendo una triste colonia sin futuro. Y segundo, pero no menos importante, porque antes de ni siquiera intentar abrogarnos la facultad de actuar como expertos en relaciones de otros países, deberíamos, por lo menos, limpiar nuestra casa.  Así de sencillo.

Hace unos días, por razón de mi trabajo como Notario Público, conocí a una joven venezolana que visitó la Isla por una horas para firmar una escritura de compraventa. Durante el corto período de tiempo que interactuamos me contó que es madre soltera, que trabaja para el gobierno venezolano en el área naval-petrolera, que vive en la capital Caracas y que no pudo traer dinero consigo al salir de su país porque la razón de su salida era una "gestión personal".  Imagine usted llegar pelao al mundo de Disney.  ¡Sucio difícil!

A preguntas de uno de los presentes, la joven indicó que la situación en Vene-zuela es muy preocupante, que es muy difícil obtener alimentos, medicinas y artículos de primera necesidad, y que a pesar de las muertes que han cobrado las protestas, "las cosas no cambiarán", al menos a corto plazo. Me contó además que, aunque tiene una visa que le permite entrar a la Estados Unidos, por la tirantez de las relaciones entre Venezuela y la administración de Donald Trump, se le hace más fácil llegar a Yugoslavia, de donde es oriundo su papá.

Obviamente, no le preguntamos cuál era su opinión sobre el presidente Nicolás Maduro por entender que sería una indiscreción que podría empañar la corta velada.  No obstante, le manifestamos que aquí en Puerto Rico también tenemos serios problemas y que contrario a los hermanos venezolanos, al día de hoy, seguimos sin una pizca de sentido de dirección política y económica.  "Es que a ustedes los mata la dependencia de los Estados Unidos".  Este fue el último comentario de la joven antes de despedirse para dirigirse al aeropuerto internacional Luis Muñoz Marín en el que tomaría un vuelo de regreso a la República Bolivariana, con escala en Miami. Esas palabras me transportaron en el tiempo a una ocasión en que junto a mi esposa compraba un par de cosas en el supermercado y a la hora de pagar, una joven pareja con tres niños (y la dama embarazada) que estaba delante de nosotros llenó dos carritos y pagó casi la totalidad de una compra por más de $400.00 con la tarjeta de la familia.  Bendito, mis encarguitos no llegaron ni a $30.00.

Dejemos la crisis venezolana a un lado por el momento y adentrémonos en el macondo boricua. Comenzó un nuevo curso escolar con los mismos problemas de siempre: escuelas que no están listas y maestros sin nombrar. Como si fuera poco, el año académico inicia con una dramática reducción de la matrícula estudiantil y una súper secretaria que es capaz de pintar una escuela, dirigir tres planteles  y tumbar aguacates de un árbol sin perder el “glamour”.

Por otro lado, continua la guerra entre el gobierno y la Junta Federal de Control Fiscal que insiste en recortar la jornada laboral de los empleados públicos, algo que el gobernador va a combatir con todas sus fuerzas. Era de esperarse. ¿Recuerdan la famosa Ley 7 que se aprobó para despedir a miles de personas en el gobierno? Esa legislación le costó las elecciones al ex-gobernador Luis Fortuño. Y, precisamente, eso es lo que Ricardo Rosselló quiere evitar. Es una cuestión de costo político y nada más.

Curiosamente, a la misma vez que cierran algunos negocios, incluyendo cadenas extranjeras, el gobierno anuncia que el nivel de desempleo se redujo a menos de un 10%. De la única manera que esto podría ser cierto es que dejaran de contar a las personas que no acuden a las oficinas del desempleo a solicitar trabajo y las clasifiquen como si estuvieran empleadas. Esto no es nuevo, el gobierno va a tratar de manipular la opinión pública repitiendo datos que no son ciertos, o mejor dicho, diciendo mentiras para mantenerse en el poder.  Verán como también lo hacen con las estadísticas sobre la criminalidad.

Preocupa por demás la escalada racista que se está viviendo en los Estados Unidos. Grupos identificados con la llamada “supremacía blanca” vienen causando graves problemas en algunas ciudades al punto que ya cobró una vida.  Lamentablemente, el presidente Donald Trump ha tratado el asunto con una timidez tal que da la impresión que se trata de un incidente que no requiere una mayor atención que no sea un llamado a la cordura.  Definitivamente, el constante discurso de este señor atacando a los inmigrantes ha avivado la llama de la discordia. Lo que se pregunta mucha gente es hasta cuándo.

Volviendo al asunto de Venezuela, recomiendo que para tener una idea más clara de lo que ocurre en el hermano país se tome conocimiento de las dos posiciones. Sí, porque toda crisis tiene dos caras. De la misma manera, sobre la realidad nuestra lo peor que podemos hacer es politizar la discusión del asunto. Si en el Capitolio lo hacen, allá ellos. Pero en la calle, amigas y amigos lectores, el curso a seguir requiere de una conciencia sin amarres, sin fanatismos ni ataduras político-partidistas. Solo así podríamos acelerar una solución permanente.

 

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