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Productores teatrales apuestan a la cultura como motor de desarrollo económico
Escrito por Dianerys Calderón   
Martes 15 de Agosto de 2017 15:38

Uno de los desafíos más grandes que enfrentan las artes en la actualidad, es la falta de un público educado que consuma sus productos. Así coincidieron varios productores de teatro en Puerto Rico, quienes han tenido que asumir gran parte de la responsabilidad de instruir a sus potenciales clientes.

Entender la crisis económica que enfrenta el país, pudiera ser una oportunidad para crecer. Sin embargo, estos señalaron que desde el Gobierno central hasta los consumidores se vive como si no hubiera crisis, y los intentos para realizar actividades o políticas públicas para prevenir los efectos son pocos o nulos.

En el caso del teatro en Puerto Rico, los desafíos han incrementado y la puesta en escena del nuevo milenio en el país se enfrenta con rigurosidad a la burocratización de todos los procesos para solicitar las ayudas económicas disponibles para las producciones. A eso se le suma la pérdida de libertad creativa para complacer los requerimientos de las agencias que ofrecen el dinero.

Según, Daniel Alicea, fundador de la Compañía de Teatro Histeria Colectiva, ya no es rentable hacer producciones dramáticas o de teatro clásico en el país, ya que lo que prevalece es el teatro comercial, la comedia cotidiana o los proyectos con ningún presupuesto en absoluto que mayormente son de tendencia performativa.

“No hay presupuesto o hay menos. En el caso de las empresas pequeñas es más complicado producir y el esfuerzo para conseguir un presupuesto se triplica cada vez. Las empresas casi siempre se van a la segura en invertir en una figura pública que no siempre tiene un resultado positivo”, comentó Alicea.

Dentro del nuevo orden global, las maneras de consumir han experimentado transformaciones.  Aunque la enseñanza del arte dramático y el entrenamiento teatral en Puerto Rico han estado centralizados en el Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Rio Piedras, varios productores teatrales señalaron la importancia de reforzar la educación de las artes en el país.

Por su parte, Gilberto Rodríguez de Teatro Comedia Puertorriqueña expresó que “la cultura cuesta y lo que se está montando en Puerto Rico ahora mismo no sirve. Comedias ligeras, porque nadie se puede arriesgar con la crisis”.

Por otro lado, el fundador de Teatro Yerba Bruja en el 1999, apostó por el teatro como herramienta educativa e indicó que el Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Rio Piedras no opera hacia esa dirección.

“Antes la formación de Drama era totalitaria, ya que incluía aspectos técnicos actorales. Ahora, la realidad es que la preparación no abarca el área administrativa. Lo veo como un programa encerrado en una burbuja y es tiempo de tener una preparación completa.  El Departamento de Drama se queda corto y es una pena porque uno quisiera hacer teatro como antes”, dijo Rodríguez.

De manera similar, Alicea añadió que debe existir mayor integración en la comunidad artística. “Es rentable sostener a un país mediado por la cultura y el arte. Para ello hay que difundirlo en la educación y la socialización e integrar más iniciativas de turismo. Que vean el teatro y el cine como una oportunidad para integrar a las agencias culturales en Puerto Rico y que de esa manera los proyectos que se realicen puedan florecer”, explicó.

Particularmente, en la década de los noventa se pronunció la desaparición de los colectivos de teatro. En cambio, la presencia del empresario de teatro con móviles eminentemente económicos como fin ulterior de su gestión proliferó y determinó el predominio de la puesta en escena comercial en la nación. Las piezas representadas eran, en su mayoría, comedias de enredos y de infidelidades amorosas. Esta puesta se caracterizó por la minimización de los recursos escénicos, para reducir los costos de producción, y por la participación de «estrellas» de la pantalla chica (TV) para llenar las salas de teatro.

Según el Comité Timón de Productores de Teatro y Danza de Puerto Rico, el costo promedio de un montaje teatral fluctúa entre los $60,000 mil a $100,000 mil que incluye salarios, escenografía, propaganda, y otros; aún más, los recursos económicos que reciben de algunas agencias gubernamentales no son suficientes para sufragar sus gastos de producción.

El problema económico del teatro empeoró con las enmiendas a la Ley 108, que otorga el 50 por ciento de descuento a envejecientes mayores de 60 años y la entrada gratuita a mayores de 75 años a cualquier actividad cultural que se realice en un lugar público.

Las obras y su efecto social

A la hora de trabajar una obra teatral, y más allá de la crisis económica, varios productores teatrales coincidieron en que siempre se piensa en el efecto social que tendrá la pieza en la audiencia.

Alicea expresó que su Compañía de Teatro, “se ha caracterizado por seleccionar textos que tengan sustancias y que sean relevantes para la condición social. Independientemente se trabaje drama o comedia siempre hay una complejidad conceptual y sicodramática para que el público se sienta identificado con la pieza”.

Por su parte, Gilberto Rodríguez del Teatro de la Comedia Puertorriqueña aseguró que su enfoque ha sido el texto de la obra, más allá de su viabilidad.

“El texto tiene que gustarme y debe ser una buena experiencia para todos. La última obra que hicimos en el 2015, fue la obra RED, para celebrar los 50 años de la compañía de teatro. Y además de ser un texto relevante, desde un principio se pensó en el efecto social que tendría”, comentó Rodríguez.

Sin embargo, para la Compañía de Teatro Y No Había Luz, la creación de sus proyectos teatrales deben ser reales y genuinos. Aunque admitieron que al principio no se piensa tanto en el impacto que tendrá la pieza, sea cual sea el mensaje divulgado debe llegar con claridad.

“Una vez nos contrataron a hacer un texto que no era de nosotros y tuvimos que enfrentarnos para disimular lo que allí decía. Trabajamos mucho el teatro de imágenes, para que sea un teatro interactivo. Nosotros planteamos un colectivo horizontal y nos gusta hacer un teatro que busque transformar”, explicaron los integrantes de Y No Había Luz.

De acuerdo con el editor de la revista especializada de teatro “Escena Boricua”, Javier del Valle,  a través de los años, el objetivo de llevar un mensaje constructivo y una crítica a la sociedad no ha cambiado mucho.

“Muchos grupos están atados a la creación artística. Por ejemplo, grupos como ‘Y No Había Luz’, hacen un trabajo basado en la estética, pero esa estética debe ir atada a un tema de impacto social. Otro ejemplo sería: ‘Agua, Sol y Sereno’, quienes trabajan primero con el impacto social y a raíz de eso trabajan su pieza teatral. Ambas tendencias buscan y piensan en el impacto social”, comentó Del Valle.

Sin embargo, este afirmó que la mayoría del teatro que se hace en Puerto Rico, desde el punto de vista comercial, muchas veces lo que busca es la rentabilidad.

“A nadie le interesa hacer teatro, es muy caro como para que los productores intenten realizar grandes cambios sociales a través del teatro. Se buscan proyectos rentables, si logran tener impacto, pues lo aprovechan en términos publicitarios. Pero, que existan movimientos teatrales como los movimiento teatrales con gran presencia a nivel social como en otros países Latinoamericanos, no creo. Existen esfuerzos más pequeños entre teatreros y performeros en el área de Rio Piedras, que parten de la necesidad de hacer cambio social y llamar la atención. Son movimientos que no tiene demasiada repercusión, pero siguen con su búsqueda”, explicó Del Valle.

El Editor de la Revista especializada Escena Boricua añadió que los grupos teatrales que abundaron en los años 70 ya no existen. Entre los últimos fenómenos se encuentra Teatro Breve, sin embargo, este aseguró que “a veces se quedan en el vacilón, en la crítica social, la cosa lúdica, o solo en el comentario social”.

La crisis económica junto a la influencia televisiva y la burocratización en las agencias ha propiciado una cultura justificada en la comedia sin diversidad temática y conceptual en el teatro puertorriqueño.

Para Del Valle, actualmente existe un mercado de producción comercial del llamado Main Stream. Se trata de un mercado mucho más amplio que se ha concentrado por muchos años en la comedia acompañado de eventos con grandes figuras comerciales del teatro y la televisión.

De igual forma indicó que es frecuente ver “una escena que corre el año entero que es el teatro de barra de Café Teatro dedicado casi en exclusiva al Teatro de Stand Up Comedy”.

“Casi 52 semanas con Stand Up en barra. Pero en términos de producción no es significativo más allá de la venta de licores en esos lugares. No aporta mucho a la cosa económica al Teatro. No genera gran interés comercial y de auspicio, pero existe toda la semana”, argumentó Del Valle.

Otro renglón grande es el teatro para escolares. Del Valle expresó que ha habido una merma debido a los recortes en educación y cultura. Es un tipo de teatro que no fomenta el amor ni la afición por el teatro en los estudiantes. Como ejemplo mencionó las novelas: La Charca, La Llamarada o The Giver, las cuales catalogó como novelas y no obras teatrales y eso ha generado un profundo desconocimiento entre los estudiantes de lo que es el teatro puertorriqueño realmente.

Y por último, La Universidad de Puerto Rico como lugar donde se llevan a cabo obras que no tienen mucha salida comercial.

El teatro en crisis

En la búsqueda de ayudas gubernamentales y auspicios los productores de teatro afirmaron que siempre se han tenido que enfrentar a los mismos obstáculos de falta presupuesto y burocratización en las agencias.
Por otro lado, sobre las políticas culturales en el Gobierno y sus municipios, Del Valle opinó que “las políticas que existen son anti-culturales”.

“Mientras estamos hablando han votado a los empleados del Teatro Francisco Arriví y el Teatro Victoria Espinosa. Pero ¿hay una política cultural que valide eso? No. Solo existe una política anticultural. Esta Semana el Departamento de Educación se presentó para eliminar la Semana de la Puertorriqueñidad. Me interese o no o vaya en contra de mi ideología, se propuso y ya se está hablando en el Gobierno. Estamos frente a una política cultural que intenta borrar hitos históricos como los días feriados del descubrimiento o genocidios o cada quien lo mire con su cristal. Estos gobiernos son folkloristas. Con simplemente apoyar que en dos o tres sitios se baile plena y dar chavos para que se vendan pasteles, ya se hace cultura”, explicó.
Asimismo, Del Valle aseguró que los teatros, hace 15 a 20 años atrás habían florecido en pueblos como Juncos, Hormigueros, Naguabo, San Lorenzo, entre otros. Siempre estaban llenos. Siempre tenían producción. Se refirió, además, con entusiasmo a un mercado grande que existió hace 15 años y que ahora ha desaparecido completamente.

“Se podía vivir haciendo giras alrededor de la isla a través del teatro pequeño. Giras por las universidades. Todo el que hacía teatro hace 20 años atrás sabía de seguro que tenía asegurado una función en los recintos universitarios. Sin embargo, en Puerto Rico todavía no han descubierto las riquezas de un proyecto de teatro de artes escénica bien hecho”, expresó.

Como solución, los productores teatrales coincidieron en la importancia de que los municipios integren y valoricen el trabajo que realizan los gestores culturales y se trabaje para cambiar la percepción que prevalece sobre estos. Se trata de una mirada que se queda en el aire en un momento donde el Gobierno Central y sus municipios no cuentan con los especialistas en cultura para fortalecerla.

“La cultura puede ser un motor económico y los gestores los especia-listas que ayuden a que eso se cumpla”, concluyó Del Valle.

 

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