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Una Noche Inolvidable
Escrito por Evelyn Cruz   
Miércoles 09 de Agosto de 2017 14:43

El 29 de julio a las siete de la noche, llegua la librería-bar Casa Norberto para hacer la presentación de mi novela La Monja Impura. Norberto, dueño de ese hermoso lugar de libros, revistas, pi-cadera y luminosos espacios del saber, es cidreño de pura cepa, fue mi discípulo en mis días de maestra y me regaló ese espacio para hacerme muy feliz.

Mi querida amiga Ivelisse Vega, profesora de la Universidad de Columbia y quien es la maestra de ceremonias por excelencia, presentó a algunos invitados y dio paso a la  presentación de la persona escogida para comentar la obra. Para alimentar nuestro espíritu y nuestro intelecto estaba entre nosotros, la doctora Alinaluz Santiago, profesora de español en el Recinto Universitario de Humacao.

A ella le correspondía comentar la obra, asignada por el profesor Carlos Roberto Gómez, editor de la misma y dueño de la editorial Isla Negra. Comencé a ver tantos rostros conocidos y otros por conocer que pensé que iba a llorar. La profesora Santiago leyó su ponencia que estuvo al nivel de sus  conocimientos de una novela, y que me llenaron de mucho orgullo.

Otra gran sorpresa fue la que mi hijo Amir perpetró con la presencia del bajista Ramón Vázquez, quien junto al guitarrista Ramón Ríos  ejecutaron dos interpretaciones de jazz. Una de ellas a petición mía, ya que para mi es magistral, como Ramón mezcla un Preludio de Bach con un aguinaldo puertorriqueño. La noche no fue completa, porque no pude saludar personalmente a todos los que compartieron mi feliz ocasión.

Allí pude saludar a mi entrañable amigo , ex Subsecretario de Educación y padrino de mi obra, el doctor Roque Díaz Tizol, junto a su esposa Haydeé. Cerca de mi estaba mi editor de los trabajos de literatura infantil, Gabriel Amill con su esposa Wanda. Y me sorprendió grandemente la presencia de Ana Helvia Quintero, a quien llamo mi jefe, por mis incursiones como editora de la revista El Sol de la Asociación de Maestros de Puerto Rico.

Saludé a Lydia la esposa de Emilio Díaz Valcárcel, con quien trabajé en el Departamento de Instrucción y quien fue a morar con el Señor. Sus hijas estaban allí. Una es abogada y la otra maestra de español en los Estados Unidos. Se abrazó locamente al libro Páginas de Ayer y de Hoy, pero no pude regalarle mi única copia.

Pero casi rompo a llorar, cuando veo a cuatro de mis compañeras de la clase de Comunicación Pública de la UPR. del año 1975. Y quiero decirles que siempre estoy comunicada con Ayleen, quien es profesora en el Sagrado Corazón pero cuando vi a Magdalena, compañera de hospedaje, a Lisette con su locuaz sonrisa y a la inigualable Iniabelle, actriz, antes de periodista, por poco me desmayo.

Esa noche autografié muchos libros con mano temblorosa y rasgos infantiles, dado a mi incapacidad. Los que no hicieron la fila se despidieron de lejos.

Y allí quedé con parte de la familia y una empanadilla rica de las que invitan a quedarse leyendo y comiendo en Casa Norberto. Allí estuvo Melvin dando la bienvenida y José en los menesteres oficiales. No vi a Norberto y me fui sin su abrazo. Para mi Casa Norberto esta en mi corazón por haberme regalado una noche inolvidable.

 

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