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Tiempos de cambio
Escrito por Pablo “Pablin” Centeno Rivera   
Miércoles 26 de Julio de 2017 12:37

Los grandes cambios que transformaron a Puerto Rico como la ley de los 500 acres y la creación de la Compañía de Fomento de Puerto Rico se hicieron entre el 1940 y 1952. Porque Puerto Rico decidió votar en contra de los partidos tradicionales, y los líderes acomodados sobre sus laureles, para dar paso a un nuevo partido político encabezado por Luis Muñoz Marín. Dicho grupo de hombres y mujeres comprometidos con un cambio de rumbo, dentro de un país agobiado por la pobreza y la desnutrición, supo y pudo despojarse de los viejos discursos poéticos y de ensueño para enrollarse las mangas y enfrentarse a los grandes intereses de la caña y del tabaco.

No fue el Estado Libre Asociado, como nombre pegajoso para un pueblo autonomista, la chispa que cambió la desesperanza por esperanza; sino la voluntad de un pueblo, la palabra de un hombre, que unidos lograron la transformación de Puerto Rico. Por tanto, no hay porque llorar por el Estado Libre Asociado, sino levantar hombres con voluntades.

Puerto Rico ha pasado por situaciones difíciles en el pasado, no es la primera vez que nos enfrentamos a una crisis. En los primeros 30 años del régimen estadounidense (1899-1930) aumentó la población, la caña de azúcar era el producto agrícola principal, se le otorgó el voto a las mujeres y de alguna manera empieza a moverse una buena cantidad de puertorriqueños para los Estados Unidos en busca del llamado “sueño americano” que no era otra cosa que un mejor porvenir como mejores salarios, servicios educativos y de salud, vivienda y confort.

No obstante del 1930 hacia los 40 el pueblo vivió una época difícil de escasez y pobreza extrema entre otras cosas por el paso del huracán San Felipe. Según el libro: Puerto Rico Tierra Adentro y Mar Afuera “dos acontecimientos que ocasionaron gran desempleo, miseria y desesperanza en Puerto Rico fueron el huracán San Felipe y la Gran Depresión en los Estados Unidos”. Puerto Rico debería aprender de la experiencia y comenzar a levantarse sobre sus pies.

¿Cómo, entonces, pudimos levantarnos? Muñoz Marín, hijo de Luis Muñoz  Rivera, había hecho sus estudios en Estados Unidos. Al llegar a Puerto Rico el joven líder simpatizó con el dirigente socialista Santiago Iglesias y su campaña a favor de los trabajadores. De acuerdo con Puerto Rico Tierra Adentro y Mar Afuera, “Muñoz Marín era director del periódico La Democracia y entre 1932 y 1936 había sido senador por el Partido Liberal.

Era partidario de la independencia para Puerto Rico. A mediados de la década de 1930 había propuesto que los liberales no fueran a votar, para llamar la atención de los Estados Unidos y forzarlos a que le prestaran atención al caso colonial de Puerto Rico. Sus actuaciones políticas causaron un rompimiento con el presidente del Partido Liberal, Antonio R. Barceló, y fue expulsado de la colectividad. Muchos liberales siguieron a Muñoz en la formación del nuevo Partido Popular Democrático en 1938.  Escogieron la consigna de “Pan, Tierra y Libertad”, y como insignia, el perfil de un jíbaro con una pava”. La esencia del Partido Popular fue y debe ser el pueblo de a pie.

Con el tira y jala que existe en el Partido Popular, y el desenfoque dentro de las filas de Partido Nuevo por gobernar para ellos y buscar la estadidad infructuosamente a fuerza de billetes, el pueblo en vez de ir jalda arriba y en progreso va jalda abajo y a la quiebra. ¿Qué esperamos, como pueblo, para despertar y levantar un nuevo liderato con una propuesta clara y precisa, de lo que podemos hacer los puertorriqueños para salir de esta difícil situación?

Si el Estado Libre Asociado es una colonia, si la estadidad no es viable, y la independencia menos, pues echemos a un lado la vieja polémica sobre el estatus  y formemos una nueva fuerza, como hizo Muñoz, para echar a caminar la rueda del progreso. Donde el último escalón sea el ideal y utilicemos este momento para levantar la economía y las finanzas que es lo urgente.

 

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