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Se nos olvida el País
Escrito por Lcdo. Jorge Manuel Díaz Rodríguez   
Miércoles 19 de Julio de 2017 19:23

El afán por estar bien nos lleva a pensar solamente en nosotros y olvidarnos de los demás. Se trata de un elemento negativo que se nos ha inculcado a través de ese sistema conocido como el capitalismo. No tenga dudas que ese sistema tiene sus atributos, pero jamás crea que convertirnos en individualistas o poco solidarios es uno de ellos.

El individualismo desmedido se puede dar de manera individual o grupal, teniendo como base el sistema educativo en dos vertientes, la escuela y  el hogar. Estas dos posibilidades tienen una base sólida, ya que los niños confían en su familia inmediata y en la escuela, desconociendo que el sistema educativo ha sido utilizado por el sistema gubernamental para otros fines, y la familia se ha trastocado con esa influencia de ese ente gubernamental.

¿Qué nos queda como defensores del bien común a través de la participación individual? Sólo podemos aspirar a que nuestras posiciones individuales tengan eco, y puedan convertirse en ideas grupales. Para eso necesitamos que instituciones sólidas, como se supone sea la iglesia, se convierta en defensores de lo que es su mandato cristiano.

En el aspecto general Puerto Rico en su inmensa mayoría es cristiano, con manifestaciones católicas y protestantes. En el país hay personas que practican otras creencias, lo cual pueden hacer conforme al mandato constitucional, pero estas jamás se opondrán a que desde los púlpitos católicos y protestantes, sacerdotes y ministros combatan las injusticias sociales y prediquen la igualdad.

Una injusticia social no puede ser bendecida por una ley, ya que lo injusto no es otra cosa que una injusticia. Nuestros líderes clericales tienen que ser algo más que miembros de su denominación, tienen que ser defensores de un pueblo oprimido.

No pueden ser emisarios del político de turno, actuando tal como si fueran mayordomos a sueldo o actuar a cambio de una ley. En las luchas sociales tiene que haber presencia católica y protestante, la ausencia es una admisión de dejadez y de falta de compromiso hacia los hermanos necesitados.

Es muy fácil el domingo en la mañana escuchar al sacerdote o al ministro de manera cosmética hablar de la situación del país, y conformarse con decir y el que no se arrepienta irá al infierno o el que no venga a la iglesia está mal o el católico que no venga a misa o el protestante que no venga a la escuela bíblica por irse a la protesta contra la injusticia arderá en el infierno.

¿Y qué ocurrirá con ese liderato religioso que permanece callado ante las injusticias diarias del gobierno hacia sus gobernados? Esos responderán en su día ante el Dios en que alegan creer. Por otro lado cualquier palabra de agradecimiento se queda corta ante aquellos pastores y sacerdotes que no han sucumbido ante la presión política, y han dado la cara desde los púlpitos, la línea de protesta, los periódicos, la radio, la internet, la tv, ejerciendo de manera clara lo que es el mandato cristiano de estar con los desprotegidos. Como decía el poeta “Gloria a esas manos”, y como digo yo “Gloria a la verdad”. Salimos del hoyo, y además dejamos de tocar fondo si así nos lo proponemos. Como individuos tenemos que lograr alianzas que nos lleven a crear grupos.

Insisto en que las iglesias, las diversas, esas en que había diferencias, son la mejor posibilidad, y eso se logra buscando todo aquello que nos une, no lo que nos separa. Si logramos unirnos como pueblo, dejando a un lado las diferencias, no habrá gobierno ni partido político que nos pueda manipular. Podemos salir del hoyo, pero eso no lo lograremos a través de los partidos políticos, somos nosotros la solución, y la iglesia es el medio social cristiano.

Si tiene dudas busque quién ha sido el socialista y revolucionario más grande que ha dado la historia. No se pierda en la biblioteca, busque en la Biblia que debe tener en algún rincón de su casa, y le aseguro que allí encontrara a alguien que predicaba la igualdad social y que cambió lo establecido, aún cuando conocía que sus ideas no eran bien recibidas.

No se trata de estar con la mayoría o con el gobierno de turno, se trata de estar con la verdad que provoca la igualdad. Como iglesia no aspire a que el gobierno apruebe leyes asumiendo la responsabilidad evangelística suya, asúmala usted, y no se olvide del país. Como individuos estamos llamados a procurar nuestro bienestar, pero sin afectar a los demás, el bien común nos beneficia a todos.

 

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