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El Fernando Cabrera que conocí
Escrito por Duldin Meléndez   
Miércoles 28 de Junio de 2017 17:45

Deportivamente hablando los lanzadores son el 90% del juego. Evidencia clara de esto fue la gran demostración de los lanzadores durante esta sensacional serie que acaba de terminar donde los Toritos de Cayey  dominaron a los Bravos de Cidra.

Tal parece que los bates se fueron  de vacaciones dando a los lanzadores un dominio contundente en la serie. La llegada de Fernando Cabrera a los Toritos de Cayey creó un ambiente diferente. Se podían ganar los juegos cerrados y más que ofensiva se dependía de una buena defensa.

Después de una novela larga de si llegaba o no llegaba Fernando al equipo de los Toritos y  cuando todo parecía indicar que la firma no se lograría, llegó la noticia grande que se reportaría a las prácticas en esa semana. Mi compañero Oreste Alicea ya lo había bautizado como EL LOBO Cabrera, porque no llegaba y se decía que estaría, pero no estaba.

Es cuando decido observar a Cabrera, pero desde el ángulo humano y su peculiar forma de trabajar una vez se trepa en la lomita.

Fue en el 1999 seleccionado por los Indios de Cleveland  haciendo su debut en el 2004. Jugó con Baltimore y también con Toronto y Boston. Su record es de 8-7 en Grandes ligas en sus 7 años de participación.

Con 36 años Cabrera decide jugar para los Toritos, quienes lo habían seleccionado y se presenta al equipo a mitad de temporada.

Llegó para lanzar. Fuimos a verlo en esa presentación y aún no estaba listo pero aceptó el reto de lanzar 2 entradas y su actuación fue tan brillante que sé quedo hasta la quinta y dejó ganando  el partido.

Lo demás es historia. No permitió carrera en la serie regular y su equipo se mostraba diferente. Ya se hablaba de campeonato. Se comenzó a generar mucha confianza en el equipo.

Cabrera es de esos lanzadores que se preparan mentalmente y usualmente hace el mismo ritual. No habla mucho y me atreví  ir donde él y presentarme. Apenas levantó su cabeza para mirarme y le explique lo del mote del LOBO. Observe una tímida sonrisa y solo se limitó a decir “en verdad no me molesta”.

Cuando se dirige de la lomita al camerino nunca pisa la línea y lo hace por el mismo lado y no cambia su rutina. Cuando le toca el turno de lanzar cruza la línea sin tocarla y no entra de frente a la lomita. Siempre se conduce a la parte de atrás recoge la pelota, le da la vuelta a la lomita y entonces entra de frente.

Cuando el árbitro canta Play Ball se para de lado en la lomita y no mira para nada al bateador. Solo lo hace cuando ya está en su movimiento de lanzar. No es bufón como otros lanzadores. Su forma de conducirse a los bateadores es la misma con mucho respeto.

Fernando no habla mucho. Lo necesario y siempre se sienta mientras lanza en el mismo lugar.

En la celebración se mostró tímido pero se disfrutó el triunfo. En las entrevistas que le hicieron no hablo de su forma de lanzar, solo se limitó a darle crédito a sus compañeros y a los Bravos de Cidra. Un jugador de siete años en las Grandes Ligas, en grandes escenario lanza para los Toritos convirtiéndose en el héroe que estaban esperando. Ahora será ver si con la ayuda de José Carlos y demás lanzadores pueden completar esta gesta histórica.

 

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