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Entre la fantasía y la realidad
Escrito por Pablo “Pablin” Centeno Rivera   
Jueves 01 de Junio de 2017 13:50

El lado bueno de la administración Rosselló pudo haber sido estructurar un gobierno aliado con el pueblo para fiscalizar todas las decisiones de la Junta de Control o Supervisión Fiscal. Sin embargo, en estos primeros cinco meses de gobierno hemos visto un estilo de gobernanza aferrado a la ideología estadista, a  ultranza, algunos amagues de enfrentar la Junta, que pueden resultar una estrategia, una legislatura con estilos agresivos (que se esperaba), algunos aciertos y por lo general un modo tradicional de gobernación que produce los mismos resultados de los anteriores.  Nada nuevo en la olla, puede que con otros ingredientes, pero al final el mismo caldo de mantengo y manos extendidas hacia el vecino del norte.

Luego del “cantazo” que el gobierno federal, Congreso, Tribunales y Presidente, asestara o se pronunciara  contra el Estado Libre Asociado muchos pensamos que la estadidad podría tener alguna oportunidad inmediata.  Más, cuando adviene al poder un gobierno estadista entusiasmado con la posibilidad de traer la estadidad hasta provocándola con el cacareado plan Tennesse.

Sorpresivamente gana Donald Trump en los Estados Unidos, una persona controversial, un nacionalista, que no se casa con nadie, dispuesto a levantar una muralla entre México y Estados Unidos para controlar la inmigración de los latinos que persisten en entrar a los USA detrás del sueño de progreso y mejor bienestar.

Agréguele usted un Puerto Rico que acaba de declararse en quiebra. USA aprueba la ley PROMESA y que crea una Junta para obligarnos a pagar a los bonistas.  Con estos truenos; ¿quién puede pensar que veremos la estadidad?

Lo inteligente, lo sensato, hubiese sido estructurar un gobierno apropiado para enfrentar la crisis fiscal, buscando la unidad en el pueblo, para que se concientizara de los ajustes que habría que hacer, y de esa forma establecer un diálogo abierto y sincero entre gobernantes y gobernados.

Por ejemplo: con la emigración de miles de puertorriqueños a los Estados Unidos, y otros países de latino América, se hace necesario el cierre de algunos planteles escolares, por la disminución de matrícula y para bajar los gastos en el sistema.

Habría que estudiar el problema de los planes de retiro, en maestros, empleados públicos en el gobierno y en las corporaciones públicas, en vista de la disminución en el “pote” de pensiones que ha quedado reducido a la nada. Se dice que para después de septiembre de 2017 no habrá fondos disponibles.  Asimismo pueblo y gobierno pudieron estar unidos para enfrentar una Junta de Control que viene decidida a recortar servicios, empleos, programas, etc., no importa el costo o dolor para el pueblo.

Si el gobierno hubiese estructurado un Plan A, un Plan B, y un Plan C, proyectado a las circunstancias del momento y del futuro, hoy no luciera ambivalente, indeciso, jugando a la papa caliente con la Junta de Control.  Un juego peligroso que puede desembocar en algo peor.

El Plan A tenía que ser dirigido a hablar con la verdad al pueblo, estamos o no estamos quebrados, iniciar inmediatamente conversaciones con las organizaciones de trabajadores y liderato obrero sobre el clima de incertidumbre, que se veía venir. Instruir a la Legislatura, jefes de agencias y Juntas de Corporaciones Públicas para empezar a trabajar sobre la realidad que estaba por explotar.

El Plan B tendría que estar preparado o ajustado a las decisiones de la Junta de Control y a la reacción de la nueva administración presidencial en Washington. El Plan C, si acaso, qué ayuda podría venir del Congreso y la posibilidad de un compromiso en caso de que la estadidad ganara el plebiscito entre las alternativas de estatus.  Sin embargo, el gobierno se ha ido detrás de la fantasía, obviando la realidad, como borracho que no sabe de dónde viene ni para dónde va.

 

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