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Lecciones de Hipocresía
Escrito por Lcdo. Orlando Maldonado   
Jueves 01 de Junio de 2017 13:32

Nunca he visitado la ciudad de Nueva York, aunque sí he estado de paso en el aeropuerto JFK en camino a un viaje más largo. Y acá entre nos, puedo vivir sin hacerlo.

Precisamente, dentro de unos días, la ciudad de los edificios cancerosos, como la describe el panameño Rubén Blades en una de sus canciones más famosas, será nuevamente la sede del Desfile Puertorriqueño.  Este año, en la actividad se reconocerá a distintas personalidades de origen boricua, incluyendo al ex-prisionero político Oscar López. La inclusión de López en el listado de homenajeados ha desatado una ruidosa polémica entre detractores y defensores del independentista boricua. Los que están en contra del reconocimiento a Oscar, vienen realizando una campaña dirigida principalmente a los auspiciadores para que retiren su apoyo a la parada, habiendo obtenido un éxito relativo hasta el momento.

Por su parte, los organizadores del desfile han tildado de exageradas las expresiones y algunas acciones de los que objetan la participación de Oscar López, quien hace apenas unos días recuperó su libertad plena, luego de cumplir más de 35 años de cárcel.

Lamentablemente, la discusión sobre este asunto ha llegado al extremo de crear espontáneamente una comparación injusta entre los puertorriqueños que viven aquí y los que han cruzado el charco. Olvidan que todos tenemos sangre boricua corriendo por nuestras venas. Para algunos Oscar no los representa como puertorriqueños.  Tienen derecho a pensar de esa manera, pero deberían ser igual de estrictos cuando juzgan las acciones de los que han llevado este país al desastre.  De alguna manera, la hipocresía está nublando el razonamiento de muchas personas con relación a la participación de Oscar López en el tradicional desfile.

En un país como el nuestro en el que todos los independentistas son tildados de comunistas y en el que la discusión sobre los asuntos que afectan a la sociedad puertorriqueña, para una mayoría demasiado grande, se limita específicamente a vivir de la esperanza de que un cambio de administración, sea azul o roja, pueda salvar la situación, no debe tomarnos por sorpresa que la hipocresía aflore con demasiada facilidad.  El caso de Oscar López es una manifestación cruda de una sociedad que ha sido víctima, por un lado, de un colonialismo sin límites de parte del imperio y de otro lado, de la hipocresía de sus líderes.

La hipocresía también presentó su cara en el conflicto huelgario de la Universidad de Puerto Rico cuando el presidente de la Junta Federal de Control Fiscal y el Gobernador se adjudican recíprocamente la culpa por el enorme recorte propuesto a la finanzas del principal centro universitario del país.

Ambos saben que para la UPR será muy difícil funcionar sin esos fondos. Resulta curioso que el funcionario de mayor rango en la JCF haya dicho, luego de reunirse con los líderes estudiantiles, que le gustaría que las universidades de aquí fueran como las de los Estados Unidos. Dios nos libre que ese sea el principal propósito de los recortes propuestos.  Las universidades norteamericanas son mucho más caras y, obviamente, sirven a un país rico y poderoso, en contraste con la UPR, cuya mayoría de estudiantes proviene de las comunidades más pobres y necesitadas.  Si ese fuera el plan y se hiciera realidad, en un futuro no muy lejano, sólo veremos "blanquitas" y "blanquitos" jangueando en la avenida Universidad.

La prensa amarilla de este país también aportó su cuota de hipocresía cuando acusó de intransigentes a los estudiantes que mantienen la huelga luego que en la última asamblea, una mayoría de los presentes, en un ejercicio democrático, tomó esa decisión.

¿Dónde estaban los estudiantes que quieren que se abran los portones? Desaprovecharon una excelente oportunidad para lograr sus objetivos. Lo siento, pero aunque estoy a favor que se abra la universidad y se continúe la lucha con los portones abiertos, me parece que muchos de los que la han tomado contra los estudiantes en huelga, han caído en una trampa y convertidos en víctimas de una campaña de odio orquestada por unos hipócritas de marca mayor.

 

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