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La Junta Fiscal y el Circo
Escrito por Lcdo. Jorge M. Díaz Rodríguez   
Jueves 01 de Junio de 2017 13:29

La junta de control fiscal es el organismo que el gobierno de los E.U.A. ha impuesto sobre Puerto Rico, con motivo de la condición fiscal en que nos han dejado los dos partidos políticos que nos han administrado a partir de 1953, y nuestra realidad política colonial. El circo, conforme al Diccionario de la Real Academia Española, es un conjunto de artistas, animales y objetos que forman parte de un espectáculo.

¿Cómo se relaciona esto a Puerto Rico? Nosotros como país estamos viviendo bajo la realidad de la junta de control fiscal, la cual vino a hacer todo lo posible para que los acreedores puedan cobrar la mayor cantidad posible del dinero que se les debe. ¿Es la prioridad de la junta nuestro desarrollo económico? No. ¿Es la prioridad de la junta pagarle a los acreedores lo menos posible? No.

¿Es la prioridad de la junta auditar la deuda para pagar solamente la deuda legal? No. La junta está clara en sus funciones, las cuales se amarran a la ley PROMESA. La junta no tiene flexibilidad que no sea la circense. ¿Y qué es esto? No se trata de otra cosa que la apariencia, como pudiera ser que la junta le diga al gobernador que entrarán en una discusión sobre el tema “x”, pero que el resultado será el “y”, y de esa manera preparan todo un circo. Hasta ahora la junta ha impuesto su criterio en todo momento, con las raras excepciones de carácter circense.

Esa teoría de adjudicar todas las culpas a la junta en relación a cómo se administra el país, convirtiendo al ejecutivo en una paloma blanca, no es otra cosa que un proceso de campaña electoral desde el primer día de mandato. Nuestra legislatura deja mucho que desear. El nivel intelectual de Cámara y Senado está muy lejos de los mejores que haya tenido el P.N.P. y muy cerca de los peores. Hay que ser justos, la realidad es que mayoría P.N.P. como minoría P.P.D., están en el mismo nivel de incapacidad legislativa seria. Basta solamente con dejarlos hablar y nada más, eso sería suficiente para poder concluir que estamos en un abismo.

Los proyectos de ley que se proponen por la mayoría son muestra de actuar con compromisos politiqueros y falta de capacidad intelectual. Se atreven traer un proyecto que persigue la igualdad religiosa a través del discrimen, y lo peor es la forma en que tratan de justificarlo. Utilizan elementos tales como si todos los que escuchan fueran el listado de fanáticos políticos que se encuentra en el tronco de cada partido.

La libertad religiosa y el no discrimen a la misma, surge de la constitución de los E.U.A. La libertad religiosa que emana de la constitución no es otra cosa que tener esa posibilidad de actuar hacia el Dios de su preferencia o hacia ninguno. No podemos crear leyes para obligar a las personas a pensar como nosotros o como el grupo que exige por compromisos previos legislar ese proyecto de ley.

Hay grupos de carácter religioso, que pretenden que su trabajo evangelístico se realice desde la legislatura, y se olvidan que ellos fueron llamados a eso, no a delegar. La legislatura debe actuar como el organismo serio del pasado no como el circo en que se ha convertido. En toda legislatura, por ley de la naturaleza, debe haber legisladores mediocres, pero cuando podemos decir que el pueblo, ese en el cual hay miembros de todos los partidos, reconoce que entre un 50% y un 75% de nuestros legisladores no tiene la capacidad para estar allí ejerciendo un criterio propio, el circo se queda corto.

Llegar a la legislatura para convertirse en papagayo o loro del presidente del cuerpo legislativo que sea, no aporta nada a ser mejor de lo que somos. No se trata que el legislador sea nuestro amigo o sea buena persona o buen vecino o no se pierda un velorio, o se retrate con cuanta persona importante y menos importante pueda haber o llegue a los negocios y le pague el trago a los presentes, de eso no se trata, sino que sea un buen legislador, con criterio propio, y sin estar amarrado a lo que le diga otro legislador de más poder, y posiblemente con mayor capacidad, no intelectual sino para manipular.

Es momento de identificar cuales son las decisiones de la Junta que son directas, sin que el ejecutivo pueda realizar actuación alguna y cuales tienen el toque circense, sea este a través del ejecutivo o legislativo. Es momento de crisis, pero más que de crisis económica, lo es por la falta de capacidad intelectual en nuestra legislatura y la falta de experiencia del ejecutivo. Esta es nuestra realidad y esta es la verdadera crisis.

 

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