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Nuestro mejor legado
Escrito por Pablo “Pablin” Centeno Rivera   
Miércoles 12 de Abril de 2017 15:17

Dice el gran sembrador que la semilla germina a través del tiempo con las mismas características de la original. Si una semilla es buena las siguientes (cosechas) producirán con excelentes resultados. Pero, si la semilla es de mala calidad de seguro el producto, la cosecha, también será de mala calidad en las sub-siguientes cosechas.

Por lo tanto, para que una semilla produzca buenos frutos debemos ocuparnos de mantener su calidad y de ser posible procurar mejorar sus atributos. Por el contrario, si la semilla es de mala o baja calidad tenemos que detener el proceso de producción, corregir sus defectos, cambiar estrategias de siembra, mejorar la fertilidad del terreno, y utilizar fertilizantes.

El buen sembrador no puede, jamás, sentarse sobre sus laureles o dejar perder su cosecha sino que se esmera, se sacrifica, y pelea porque su cultivo siempre sea de buena calidad.  Ese es su legado, su gran contribución, al morir.

Tengo un amigo, del que me voy a reservar el nombre, que me contó la siguiente historia sobre su vida: “nací en un hogar distorsionado. Mi padre era un hombre que le gustaba andar con mujeres y un buen día mi mamá lo dejó porque lo sorprendió con otra en la falda. Mi abuela, con quien viví un tiempo fue abusada en varias ocasiones.

Estuve en el vicio de la droga, haciendo lo malo, lo perverso, entre gente que andaba violando la ley. Era un perdido. Sin embargo, sobreviví en aquel ambiente por muchos años, logré estudiar algo, y estuve para arriba y para abajo por un tiempo considerable.

Un buen día decidí ir a una iglesia y me gustó el sermón del domingo, pero no me quedé. Tiempo después, según entiendo, Dios me dio una pareja cuyo modelaje me ayudó a conseguir la paz en el amor del Señor. Desde entonces decidí cambiar mi vida, matando al viejo hombre que había en mí, para dar una vida distinta a mis hijos”.

Ese es el legado que le quiero dejar a mi familia, me dijo. A partir de entonces me he dedicado a educar a mis hijos, llevarlos por el buen camino, en estudios universitarios, valores religiosos, para que las futuras generaciones (de mi familia) produzcan frutos mediante una nueva semilla completamente distinta (a la mala semilla) que germinó en mi crecimiento y desarrollo.  Ese es mi legado, terminó diciendo.

Mi amigo logró eliminar la trayectoria de una gene-ración pasada cuya conducta y comportamiento no estaban de acuerdo con el mejor bienestar y felicidad de los suyos. ¿Qué fuerza le ayudó a darse cuenta, volver en sí, para cambiar el rumbo de su descendencia?  Muchas personas logran hacerlo por cuenta propia, sin ayuda, por amor a su familia o por cualquier reflexión inmediata que ilumine su entendimiento. La idea del mensaje es que pensemos en el legado, aporte, que vamos a dejar como herencia a nuestras familias.

Toda persona que se sienta responsable por los suyos, en particular por los hijos y la familia, que con tanto esfuerzo echamos hacia adelante, tiene que pensar en la semilla que está desarrollando y si la misma está rindiendo buenos o malos frutos.

Examínese y proceda a mantener la buena semilla o cortar por lo sano y procurar hacer los ajustes para que con su ejemplo y perseverancia logre los cambios para la buena cosecha.  Así, de esta forma, estará salvando a los suyos y salvando a su propia alma cuando le toque, o nos toque, partir al reino de lo eterno.  Jesucristo es el buen sembrador espiritual.

La buena semilla es Jesús porque vino al mundo a traer salvación y murió en la cruz, para acabar con la mala semilla,  y resucitó de los muertos para convertirse en la nueva semilla. Todo el que cree en Jesucristo es portador de la buena semilla cuyo fruto es bueno, aceptable a Dios, por tanto tiene opción para entrar en el reino de los cielos. ¡Qué bueno sentirse realizado, en paz, dejando como legado una familia de buena semilla!

 

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