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Cambiando El Tema
Escrito por Pablo “Pablin” Centeno Rivera   
Miércoles 05 de Abril de 2017 15:18

Vamos a cambiar el tema de todos los días, que trata sobre la difícil situación o estado de nuestra querida patria, para comentar someramente del origen de nuestra fe cristiana y la importancia de conocer algunos asuntos básicos en tiempos de Semana Santa.

El pueblo cristiano establece que el “Creador” del mundo espiritual, desde su reino celeste, creó el universo y todo lo que en el habita. ¡Dios es el autor de todo lo creado!  Y luego de largos años (Dios), viendo que la tierra estaba corrompida, decidió enviar a su único hijo para reconciliar al mundo y para traer un mensaje de esperanza y salvación. Dice la Biblia que el Espíritu de Dios se posó sobre una mujer especial, virgen, llamada María que a su vez dio a luz un hijo que se llamó Jesús.

Es pues Jesús dotado con la capacidad de recibir de su padre (Dios) poderes milagrosos y extraordinarios, para sanar enfermos, echar fuera demonios, liberar a los cautivos, por la maldad y los pecados, y dar ejemplo claro al mundo de sus virtudes como hijo de Dios.

Hasta llegar a su muerte y crucifixión, por la humanidad, resucitando al tercer día. Luego de su muerte y resurrección Jesús se apareció a sus discípulos y ascendió a los cielos y se sentó a la diestra de Dios, según dice el libro de San Marcos capt. 16.9. Para efectos de nuestra fe en el Jesucristo resumimos esta primera parte diciendo que: Dios creó el mundo, y los que en el habitan, y allanó el camino enviando a su hijo Jesús con la promesa de que los que en él creen, y le sirven, tendrán la recompensa de la vida eterna con él.

Si vamos entendiendo el relato encontramos que Dios envió a su hijo al mundo, para que viviera y diera ejemplo del modelo perfecto de conducta que agrada a Dios. Jesús, entonces, vive entre los humanos por 33 años, hace maravillas y portentos, muere, resucita y asciende a los cielos enviando luego, en el Pentecostés, el Espíritu Santo para que nos de fortaleza y redarguya de pecado en la tierra.

Padre, Hijo y Espíritu Santo forman parte del mismo cuerpo, espiritual, de Dios. El Espíritu se manifiesta en el hombre de muchas maneras y se trata de un “toque” especial que inspira al hombre a ejecutar virtudes que vienen del mismo Dios. No siendo un erudito, conocedor, de la interpretación de las Sagradas Escrituras, y estableciendo un lenguaje entendible para mi pueblo y para mi gente, puedo decir que Dios le habla a la mente de personas especiales para que profeticen sobre su palabra.

Dios responde a la gente de buena voluntad, a los humildes y bondadosos de corazón, a los que obran el bien, y son tolerantes, consoladores, buenos y dadivosos. En la tierra, Dios, bendice a los hijos obedientes, a los padres y madres protectores, a los que hacen el bien y se ocupan de corregir sus malas acciones reconociéndolas delante de Dios y procurando evitar volver a caer en las mismas tentaciones.

Dios es perdonador, misericordioso, porque sabe que la raza humana tiene tendencias al pecado por la influencia del “maligno” -que habita en los aires- y a sus atractivas tentaciones. El mensaje de Jesús fue claro: Dios quiere llevarnos a su reino celestial, después de la muerte humana, en lugar de que la gente se pierda en los malos infiernos. La vida eterna es un reino espiritual permanente, para siempre.  Estamos en Gloria con Jesús o con el diablo en fuego eterno. Pensemos.

 

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