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Acerca de La Monja Impura
Escrito por Evelyn Cruz   
Miércoles 29 de Marzo de 2017 16:28

Muchos de mis amigos y conocidos me hacen preguntas acerca de mi primera novela, La Monja Impura. Se preguntan como es posible de que haya escrito acerca de una monja, cuando soy bautista y desde muy joven fui maestra de escuela bíblica.

Desde que escribo he incursionado en todos los géneros literarios y en mis borradores tengo a medio escribir, una novela para la televisión. Me desmotivé cuando descubrí que uno de los más grandes escritores y actores puertorriqueños, Jacobo Morales, escribió para la televisión, una novela que no tuvo éxito.

He escrito y publicado cuentos, dramas, poesías y ensayos. Además, desde antes de estudiar periodismo escribía en el periódico El Imparcial, una columna semanal con el título Atiéndeme un Segundo. Cuando se cerró este periódico, por un fuego que arrasó con el mismo, surgió El Vocero y escribí por un tiempo, una columna titulada Léelo que te conviene. Ya trabajaba como Técnica de Currículo en la revista Escuela de la Editorial del Departamento de Instrucción y allí publicaron mi primer libro, Meditaciones de una maestra.

Pero volviendo al tema, siempre quise escribir una novela y en el año 1986 fuí a Europa, con un grupo de maestros, en el viaje que auspiciaba la Asociación de Maestros. Me acompañó mi sobrino “Richie”, quien hoy día es el licenciado Diego Ricardo Figueroa, porque su abuela Toña Cruz, le hizo el regalo de un viaje, ya que cumplía quince años.

Cuando fuimos a Roma y nos llevaron a la iglesia Santa María de la Victoria, allí estaba la escultura más bella del mundo el Éxtasis de Santa Teresa de Jesús, trabajada como nadie pudo hacerlo, por Ian Lorenzo Bernini. Yo quedé tan fuertemente impresionada viendo aquel ángel con aquella espada de oro, presto a clavarla en el corazón de la santa, como símbolo de la pasión, que ella sentía, por estar en el corazón de Dios.

Era un éxtasis redimido y bienaventurado. Me quedé petrificada observando cada detalle de la escultura, a la que Bernini calificó su mejor trabajo, el que nadie podía igualar y tuvo toda la razón, hasta que la voz cínica de nuestro guía rompió el encanto, con un comentario sexual del éxtasis de la santa. Nunca lo olvidé.

Ni lo perdoné.  En el 2013, comencé a fraguar la historia de mi monja. Busqué mucha información de las Monjas Carmelitas, pero no toda es puramente verídica, porque la salpico con mi intuición de mujer y con mi imaginación de un convento de reclusión perpetua.

Conversé con sacerdotes que oficiaban en dichos conventos, prometiéndoles no revelar su identidad, leí múltiples artículos de la orden de las carmelitas, sus orígenes, sus actividades y me inventé sus preocupaciones. De toda esa amalgama de información, creé una monja, a la que ustedes conocerán y juzgarán, desde principio a fin, cuando se enfrenten con mi novela.

El manuscrito fue editado por el mejor editor de Cidra, Carlos Santos y aunque yo soy editora, confío más en su estilo que en el mío, porque Carlos es sumamente estricto en su labor. La leyó y la bautizó la doctora María Arrillaga, prominente poetisa y novelista puertorriqueña, quien sin encomendarse a nadie, me dijo que tenía que enviársela al profesor Carlos Roberto Gómez, fundador de la casa editora Isla Negra.

El profesor ha publicado centenares de libros bien reconocidos, cuidadosamente estudiados y seleccionados, muchos de los cuales han sido premiados.Y como María es autora de más de diez libros, la obedecí. Mi sobrino el ingeniero Víctor Cruz, la profesora Laura Torres, el industrial Carlos Román y el profesor Dr. Roque Díaz Tizol, la monja les saludara a más tardar a principios de mayo.

No puedo contarles ni el principio ni el final. Muchos de uste-des, han intentado imaginarse el final basándose en el título y me han amenazado con excomulgarme, pero yo no soy católico- romana y me estremeció ver la serie The Young Pope con Jude Law, llena de conflictos en el Vaticano, porque me sacó de dudas, de que todo en la vida, está dicho y puede suceder, desde el momento en que Dios dijo: "Sea hecha la luz". Ya en el principio fue el Verbo y la palabra, se iluminó con la luz de la imaginación. Esperemos pues.

 

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